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La historia de Bobby Fischer, el mejor ajedrecista de su generación que vivía en hoteles baratos y soñaba con “matar lentamente”

Fue uno de los más grandes representantes de la disciplina de la historia. Pero su vida personal fue un torbellino que confirma que desde lo alto, se siente más la caída.

 25 de diciembre 2021

Bobby Fischer en una de sus míticas partidas con Boris Spaski.
Bobby Fischer en una de sus míticas partidas con Boris Spaski.

Fue quizá el más grande ajedrecista de todos los tiempos. Pero la vida de Bobby Fischer no fue fácil. Un desacuerdo hogareño, la separación de sus padres, lo llevó dolorosamente, a los dos años de edad, a vivir un hecho que no podía entender. Y así fue creciendo Robert Fischer.

Pasó el tiempo y lógicamente se hizo taciturno y huraño. La misma mente que le permitió llegar a la cumbre del ajedrez no le posibilitó la coherencia mental que necesitaba. A los 29 años, ya considerado como un genio del tablero, le arrebató el título de campeón mundial al maestro ruso Boris Spaski.

Ni siquiera el brillo de su fama le borró el recuerdo de la prematura oscuridad de su infancia desolada. A los 32 años, este extraño productor de imprevistos, perdió su corona ante Anatoli Karpov, sin presentarse a jugar.

Bobby Fischer durante una partida (Imagen Wikimedia commons).
Bobby Fischer durante una partida (Imagen Wikimedia commons).

Inició entonces una reclusión voluntaria que duró 20 años. Vivía en hoteles de ínfima categoría. Pero su habitación estaba inundada de libros sobre ajedrez.

Bobby Fischer: logros enormes, presiones desmedidas

Por ejemplo, con sólo 14 años, se coronó campeón de ajedrez de los EE.UU. en mayores. Pero junto a esas hazañas, tenía a nivel humano, exigencias desmedidas.

En una nota que escribió para una revista norteamericana, Fischer expresó que su mayor placer en ajedrez no consistía en vencer al adversario sino en aplastarlo y humillarlo.

Y agregaba. “Si fuera asesino, me gustaría matar, pero lentamente, para que mi víctima sufriera lo más posible. No soy asesino, no porque no tenga deseos de serlo, sino por mi temor a ir a la cárcel”

A pesar de sus miedos, conoció la prisión: estuvo detenido 8 meses en Japón en 2004, no por asesinato sino por adulteración de pasaporte.

El triste regreso al ajedrez de Bobby Fischer

Tenía ya 49 años y miles de días sin siquiera pensar en el ajedrez, cuando aceptó jugar un match con el hombre al que había despojado del titulo de campeón mundial: Boris Spaski. Fue derrotado fácilmente.

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Bobby Fischer (centro) durante la presentación previa a una de sus competencias de ajedrez (Imagen Wikimedia commons).
Bobby Fischer (centro) durante la presentación previa a una de sus competencias de ajedrez (Imagen Wikimedia commons).

Entrevistado por periodistas declaró:

– Si. Perdí con Spaski pero confieso que no solo no podría ganarle sino que tampoco me interesaba triunfar. Sólo quería obtener los 150.000 dólares que me asignaron.

Solicitó entonces asilo político a Islandia. A los 62 años –viviría apenas 2 más-, se radicó en Reikiavik, la capital de ese remoto país. Se lo veía caminar silencioso, sin responder a los cordiales saludos de la gente.

No resulta difícil diagnosticar, que fue también, junto a un genio ajedrecístico, un enfermo mental.

A los 64 años, víctima de una severa insuficiencia renal, Bobby Fischer -que visitó 5 veces nuestro país- moría en casi total soledad en una nación que no era la suya.

Y un aforismo final para este genio del ajedrez:

“Triunfo y derrota suelen estar cerca. Y a veces, juntos”.

TN

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